Indicios de un principio

Hoy es de estos días en que quiero confesar algunos de mis sentimientos más profundos.

Hasta hace poco he pasado unas semanas bastante tormentosas y ajetreadas, mi vida no paraba de hacer subidas y bajadas como una montaña rusa.

Lo cierto es que me ha servido de algo, y mucho. He aprendido:

  1. No puedo depender de la opinión y contentar a los demás para tener una vida más feliz.
  2. Nunca tengo que dejar de hacer lo que quiero, de llevar la vida como me propongo por gente ajena, porque los deje de hacer felices.

Porque al fin y al cabo, lo que cada día me ha demostrado la vida, es que aquí al final cada uno hace lo que le place, que van a estar a mi lado cuando quieran y que solo valoran aquello que no se acaba de tener.

Por eso, quiero que el mundo sepa que a mí no me van a acabar de tener nunca, mi presencia y mi bondad tiene un precio. Y todo el mundo va a saber que yo dictamino mi libertad, “que la mía termina donde empieza la tuya, pero con ella haré lo que me plazca“.

Porque yo nací para hacer lo que quiera ante mis circunstancias y ambiciones. Y así quiero cumplir con mi destino ante la suerte que tenga.

Puede que la mayor lección de todo lo sucedido es que tengo una dignidad y un orgullo que respetar y que me tienen que respetar.

No voy a pedir que dejen de incordiar, que cesen de opinar o molestar por lo que yo hago: pienso abrir camino entre la maleza y las piedras.

 

Juls G Puncer

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Basta Tabús

Basta de tabús.

Me ahogan.

Me siento como si constantemente estuviera dentro de un océano sin fin.

Y triste, sufriendo mientras mis lágrimas se fundían con las aguas, como si nunca hubieran existido, he estado contemplando la luz de la libertad que traspasa su superficie.

Me he hartado de creer que no tengo fuerzas para emerger y respirar aire. Es más, necesito el oxigeno para poder vivir.

Así que no os quiero seguir más. Matáis las ganas de vivir, hacéis de mi mente una cárcel recta e intransigente que solo se puede dar el lujo de soñar. Y los sueños no son caprichos, son esperanza; pero de ellos tampoco uno vive.

Se vive al pasar a la acción.

Sin embargo me hacíais creer que esa luz era solo una ilusión cuando siempre ha sido lo más real que he visto durante toda mi vida.

Nunca ha dejado de estar allí, y si alguna vez lo ha hecho, ha vuelto a aparecer.

Nunca muere.

Me habéis estado reteniendo, diciendo que la mejor opción era estar bajo el agua, angustiada, callando mi curiosidad, teniendo miedo de mi valor.

Pues me he hartado ya. Basta de tabús. Ya no hay ningún motivo que me pare. Voy nadando hacia la superficie.

Tengo miedo, sí, pero nunca he empezado a tener tantas ganas de vivir como ahora. Y estoy segura de que estaré mejor a fuera, respirando, que dentro viviendo con una infinita angustia, sin entender la motivación de vivir.

 

Juls G Puncer

“Vamos a hacer bullying a un bicho raro”

Bicho raro, bicho raro…
No lo voy a parar de repetir
porque esta es la verdad.
Tú te lo buscas que te señalemos
porque eres un bicho raro.
Y todo el mundo lo tiene que saber
porque nadie se debe acercarte a ti.
¿Y si contagias?

Hoy voy a contar una anécdota que me ocurrió cuando iba en primaria.

Debería ser tercero o cuarto de primaria cuando me fui a comprar ropa al Zara Kids con mi madre (aunque por aquel momento no sé ni si se decía de aquel modo).

El caso es que me estaba probando ropa en el vestidor. Me miraba en el espejo y me ilusionaba, pero no porque fuera una pieza nueva que esperaba ser estrenada, no… porque pensaba que al ir a la moda los compañeros de mi clase se dejarían de meter conmigo, porque el chico que me gustaba se iba a fijar en mí…

Sí, existe esta realidad en nuestras mentes: si no vas a la moda, si no eres normal…

  • No eres nadie
  • Te marginan

En mi caso fue eso lo segundo, aunque a veces incluso los dos al mismo tiempo.

Muchos de mis compañeros no lo van a recordar así. Sin embargo yo creía ser un bicho raro por ser cómo era, por como ellos me trataban durante la mayor parte del día.

La verdad que no lo entendía. Recuerdo a mis compañeros hacer cosas muy raras a mi parecer y pensaba “Por qué yo soy la Rara si cada uno de ellos también tienen sus rarezas…?”

Bicho raro, bicho raro,
No lo puedo parar de repetir.
Sin embargo tengo curiosidad por saber de ti…
“¿Por qué eres así? ¿No puedes ser como nosotros?”
Bicho raro, bicho raro,
no me puedo acercar a ti,
pero quiero estar junto a ti.
Bicho raro, bicho raro…
La serpiente me tienta a que coma la fruta prohibida.
“¡No quiero…! ¿O no puedo…?”
“¿Qué será de mí si me intereso por ti…?”

Juls G Puncer

Nosotros ardiendo bajo la estela de diamantes del firmamento

Recuerdo…

Recuerdo esos barrotes. Estábamos tú y yo en aquella gigantesca cama de matrimonio. Era una noche en tiempos sofocantes de sudor. Aún así, mi piel sintió algunas veces como la tímida brisa la acariciaba ¿La llegaste a notar? ¿O a caso te encontrabas muy perdido entre mis dunas?

Seguramente fui yo la única que se dio cuenta porque aquellos caminos húmedos que dejabas atrás se convertían en fríos, y estos me transformaban en dulces escalofríos.

Recuerdo…

Recuerdo que eramos girasoles en busca de nuestro astro, Pasión; y entre jadeos y gemidos, llegamos a hacer comunión de nuestros deseos…

Lo último que recuerdo es a nosotros ardiendo bajo la estela de diamantes del firmamento.

 

Juls G Puncer

 

Sirenas que duermen la consciencia

Sirenas que cantan,
que son ilusionistas e hipnóticas.
Pero recuerda, solo te quieren arrastrar
para poderte devorar.
Solo hacen más que succionar tu esencia vital.
Fijen conocer tus secretos más sellados,
tus anhelos más profundos.
Pero no olvides que no te conocen,
solo te quieren utilizar para lograr su beneficio.
No olvides, al fin y al cabo son maestras en las artes de las ilusiones y fantasías.
Así pues, intenta no caer entre sus garras.
Intenta lograr escuchar sus cánticos, convivir con ellos, pero no te acerques demasiado
porque en el momento en que empieces a cantar sus canciones
o dejes de escucharlas,
va a ser demasiado tarde.
Lo único y último que te puedo decir es:
Mantén la consciencia despierta.

Juls G Puncer

¿El arte para qué sirve?

Era el viernes de la semana pasada cuando me desperté hacia las once y media de la mañana. Había dormido desnuda la noche anterior.

Aún con un poco de sueño, ví que entraba una luz especial a través de las ventanas. Aquel suceso me inspiró y empecé a hacer fotografías de mí desnuda completamente.

“¿Cómo se ve mi cuerpo fuera de mis ojos?” “Cómo se va a ver si me pongo así?” “¿Y si aprovecho la luz que viene por aquí?”

Mientras me iba haciendo haciendo la autosesión de fotografia, se me pasaban otras mil cuestiones por la cabeza:

“Eso es la belleza de un cuerpo natural…” “¿Voy a colgar las fotos en instagram?”

Pero hubo una idea que persistió en mi cabeza:

¿El arte para qué sirve?

En aquel momento me encontraba expresando sentimientos, emociones que con palabras no podía describir, estaba experimentando con la perspectiva, la luz y la oscuridad sobre mis curvas.

Al final me di cuenta de que el arte no sirve tan solo para dar protagonismo a lo que el artista quiere transmitir, sino llegar a plasmar cosas con el objetivo de ver cómo el público reacciona al ver, escuchar… sentir aquello que percibe.

Tengo que reconocer que tiempo atrás llegaba a pensar que el arte, si no enviaba un mensaje social y útil para la humanidad no servía de nada, por que… ¿qué significado tenía solo hacer belleza con ello?

Y es que el arte, visto desde la otra manera, como un modo de hacer vivir sensaciones a los demás, solo lo comprende el público que le inquieta y vive con los sentidos, que es consciente de como su sensibilidad vibra de una manera cuando ve algo y eso le produce placer, diversión y gusto.

El arte es para personas emocionales que se quedan con el más allá del plano material de la obra.

El arte no es inútil. Tiene el lenguaje que las demás ciencias no tienen: El lenguaje de las sensaciones, el lenguaje de los símbolos.

mirada muerta

Juls G Puncer

Veo la oportunidad

Cuando la vida me brinda una oportunidad…
La veo.
Una chispa, una pequeña llama en mi corazón se enciende
y hace que lata con intensidad.
Se trata de esperanza.
Pensaba que rezaba solo por fe,
que rezaba a la vida por hacer,
para no sentirme más perdida en ella,
para que tuviera un mínimo de sentido.
Ahora mis ojos deben relucir como diamantes
como un sinfín de estrellas en el firmamento.
De eso se trata la ilusión,
nos hace encender en medio de la oscuridad.
Siento que cojo fuerzas,
siento que tengo ante mí un nuevo camino por donde andar,
descubrir,
experimentar.
Y mi tormentoso pasado empieza a quedar lejos.
Lo que antes eran fantasmas gigantescos
ahora solo se tratan de pequeños susurros,
susurros que a veces son sabios, a veces desconfiados,
pero solo susurros que no impiden seguir adelante.
Pues voy hacia la puerta abierta que se me presenta
y hay una voz dentro de mí dice que todo va a ir bien:
“No mires atrás, pase lo que pase
todo va a ir bien”

 

Dedico estos versos a aquellas personas que en algún momento en su vida, sintiéndose abatidas por todo, decidieron seguir caminando entre la dudosa oscuridad con una brújula llamada fe.

No hablo de esta fe de la religión cristiana, hablo de creer con firmeza que al final todo irá bien.

Y que, finalmente, las cosechas dan sus frutos y puertas se abren para dar paso a nuevas etapas en la vida que hacen dejar el pasado atrás.

Para toda esta gente de parte de,

 

Juls G Puncer